A raíz de este artículo, las respuestas no se han hecho esperar. Expondré aquí mi propia carta de respuesta y otras de las que tengo conocimiento y que me han agradado especialmente.
Esta es de Ana de Colmenarejo, Madrid
Me produjo una grata sorpresa descubrir el artículo “EL PARTO ES MÍO” en la portada de la última edición de su dominical. “Vaya”, pensé, “Parece que estamos avanzando”. Porque sí, soy una de esas mujeres “egoístas” que, en su momento, decidió ser protagonista de sus partos y ofrecer a sus hijos una manera digna de nacer. A diferencia de “Los de la OMS” que, según el doctor Yordi, “no han visto un parto en su vida”, yo he presenciado algunos y preferiría cometer la “aberración” de parir en mi casa, a la de hacerlo en un hospital a la “usanza”.
Creo que los comentarios del doctor Yordi y del Profesor Bajo Arenas admiten muchas y muy variadas réplicas. Y no de un puñado de madres aberrantes que han parido- y seguirán haciéndolo- en sus casas; o que recorren cientos de kilómetros para dar a luz en hospitales “respetuosos”, donde la tecnología está al servicio de un profundo conocimiento de la fisiología del parto y de la mujer que da luz, del complejo entramado hormonal que se pone en marcha durante el trabajo de parto y el parto, y de los mecanismos que lo desencadenan y hacen que, salvo esos “riesgos potencialmente mortales” implicados en el trance de parir, se desarrollen dentro de la más absoluta normalidad. Pero no se trata de renegar de la ciencia, de esa por la que tanto “lucharon nuestras madres”. Se trata de lograr que ciencia y tecnología estén al servicio de una humanidad respetada y respetuosa, y no al servicio de intereses creados y protocolos obsoletos.
Basta con echar un vistazo a publicaciones de prestigio como The Lancet o The British Medical Journal, entre otros, para encontrar información veraz, rigurosa y actualizada, que contradice la tan ferreamente defendida necesidad de prácticas como el rasurado, el enema, la monitorización fetal constante, la posición de litotomía o la episiotomía de rutina. Y si un@ no quiere hacerse eco de tales estudios y artículos, puede hacerlo de los datos que, como el algodón, no engañan. Y los datos demuestran que Holanda, en donde tan erróneamente en opinión del presidente de la SEGO, las mujeres con partos de “bajo riesgo” paren en casa, tienen unas de las tasas más bajas de mortalidad y morbilidad perinatales. Pero parece ser que es más fácil echar mano del recurso del miedo y sus esbirros (llámense “sufrimiento fetal, bradicardia, lesiones, parálisis cerebrales”) que de los datos que demuestran que el cuerpo de la mujer está diseñado, como el del resto de las mamíferas, para engendrar, gestar, parir y amamantar, en la mayoría de los casos sin complicaciones. Cuando estas surgen, para eso está la ciencia. Nunca para crearlas ni fomentar o mantener miedos sin justificación científica.
El recurso a la Ley de Autonomía del Paciente me parece, cuanto menos, demagógico, al hablar de la demanda de cesáreas, cuando no se respeta en un parto hospitalario típico. ¡Qué pena que no se tenga en cuenta cuando una mujer rechaza un enema o una epidural!
Sin embargo, a este respecto (y a otros muchos) me remito a los fantásticos artículos escritos por Rosa Montero en su publicación (El desastre de parir y Prejuicios asesinos).
Lo que sí me parece realmente ABERRANTE, aberrante con mayúsculas, es la alusión a la mortalidad perinatal en África. Es decir, no aceptamos la comparación con países que, como Holanda, nos llevan años luz en cuanto a asistencia pre y postnatal se refiere, pero nos comparamos… ¡con África! En muchos países de África la esperanza de vida no supera los ¡¡¡¡37 años!!!! En muchos países de África las principales causas de muerte son la malaria, la neumonía, la anemia o el sida. En Malawi, por ejemplo, el Producto Interior Bruto per cápita en el 2004 ascendía a 580 dólares (menos de 40 euros mensuales). En el Bottom Hospital de Lilonwge: “Muchos de los packs de parto no contienen tijeras, ya sea para realizar una episiotomía o para cortar el cordón umbilical. En los que contienen tijeras, éstas normalmente no están afiladas y las pacientes sufren considerablemente […] Si no hay tijeras disponibles, se utilizan hojas de afeitar, con el consiguiente riesgo para la persona que está tratando de realizar la episiotomía.” (The Department of Obstetrics & Gynaecology at Kamuzu Central Hospital and Bottom Hospital, Lilongwe, Malawi Tarek Meguid and Elled Mwenyeekonde, 2005. En http://www.who.int/management/country/mwi/en/).
Muchas mujeres africanas son madres por primera vez a edades tan tempranas como los doce años. Otras tienen más de diez partos a lo largo de su vida. “Muchas de nuestras pacientes sufren anemia moderada o severa, e incluso extremadamente severa. Las razones para esto son muchas, desde la malnutrición o la malaria crónica, hasta los parásitos intestinales y múltiples co-patologías. Cuando estas mujeres se quedan embarazadas, la anemia tiende a empeorar. Durante el parto, o si aparece algún problema, como una hemorragia pre-parto […] esta anemia puede matarlas. […] Tienen lugar muchas infecciones porst-parto […]Las infecciones post-parto están a la cabeza de las causas de mortalidad materna institucional en Malawi (Ratsma, 2001) Aunque muchas mujeres sobreviven a estas infecciones (desgraciadamente, no todas) algunas lo hacen con un severo grado de morbilidad. De nuevo hay muchas posibles razones para explicar por qué hay tantas infecciones. Las posibles explicaciones van desde las salas de parto atestadas hasta la ausencia de higiene durante la cirugía, pasando por la ausencia de medios técnicos o la alta prevalencia de sida, hasta los pobres cuidados postquirúrgicos o el uso inadecuado de los antibióticos.” (The Department of Obstetrics & Gynaecology at Kamuzu Central Hospital and Bottom Hospital, Lilongwe, Malawi Tarek Meguid and Elled Mwenyeekonde, 2005. En http://www.who.int/management/country/mwi/en/).
Como estos, podría extenderme citando testimonios de personas que trabajan día a día en condiciones inimaginables. Creo que compararnos con África no sólo supone una ofensa a nuestra inteligencia, al intentar hacernos creer que nuestra vida y la de nuestros hijos puede correr peligro si no aceptamos a pies juntillas cualquier intervención protocolaria sin ni siquiera tener derecho a opinar; sino al drama que viven día a día las mujeres que dan a luz en el tercer mundo.
¿Por qué no nos comparamos con Suecia, Holanda, Noruega, Gran Bretaña…? Probablemente, porque no saldríamos tan bien parados en la comparación. Y sí, si el doctor Yordi, el profesor Bajo Arenas o cualquier otro experimentado ginecólogo, esgrimiera el manido argumento de la mortalidad perinatal en África, lograría definitivamente convencerme… de que me buscara otro ginecólogo.
Esta es de Ana de Colmenarejo, Madrid
Me produjo una grata sorpresa descubrir el artículo “EL PARTO ES MÍO” en la portada de la última edición de su dominical. “Vaya”, pensé, “Parece que estamos avanzando”. Porque sí, soy una de esas mujeres “egoístas” que, en su momento, decidió ser protagonista de sus partos y ofrecer a sus hijos una manera digna de nacer. A diferencia de “Los de la OMS” que, según el doctor Yordi, “no han visto un parto en su vida”, yo he presenciado algunos y preferiría cometer la “aberración” de parir en mi casa, a la de hacerlo en un hospital a la “usanza”.
Creo que los comentarios del doctor Yordi y del Profesor Bajo Arenas admiten muchas y muy variadas réplicas. Y no de un puñado de madres aberrantes que han parido- y seguirán haciéndolo- en sus casas; o que recorren cientos de kilómetros para dar a luz en hospitales “respetuosos”, donde la tecnología está al servicio de un profundo conocimiento de la fisiología del parto y de la mujer que da luz, del complejo entramado hormonal que se pone en marcha durante el trabajo de parto y el parto, y de los mecanismos que lo desencadenan y hacen que, salvo esos “riesgos potencialmente mortales” implicados en el trance de parir, se desarrollen dentro de la más absoluta normalidad. Pero no se trata de renegar de la ciencia, de esa por la que tanto “lucharon nuestras madres”. Se trata de lograr que ciencia y tecnología estén al servicio de una humanidad respetada y respetuosa, y no al servicio de intereses creados y protocolos obsoletos.
Basta con echar un vistazo a publicaciones de prestigio como The Lancet o The British Medical Journal, entre otros, para encontrar información veraz, rigurosa y actualizada, que contradice la tan ferreamente defendida necesidad de prácticas como el rasurado, el enema, la monitorización fetal constante, la posición de litotomía o la episiotomía de rutina. Y si un@ no quiere hacerse eco de tales estudios y artículos, puede hacerlo de los datos que, como el algodón, no engañan. Y los datos demuestran que Holanda, en donde tan erróneamente en opinión del presidente de la SEGO, las mujeres con partos de “bajo riesgo” paren en casa, tienen unas de las tasas más bajas de mortalidad y morbilidad perinatales. Pero parece ser que es más fácil echar mano del recurso del miedo y sus esbirros (llámense “sufrimiento fetal, bradicardia, lesiones, parálisis cerebrales”) que de los datos que demuestran que el cuerpo de la mujer está diseñado, como el del resto de las mamíferas, para engendrar, gestar, parir y amamantar, en la mayoría de los casos sin complicaciones. Cuando estas surgen, para eso está la ciencia. Nunca para crearlas ni fomentar o mantener miedos sin justificación científica.
El recurso a la Ley de Autonomía del Paciente me parece, cuanto menos, demagógico, al hablar de la demanda de cesáreas, cuando no se respeta en un parto hospitalario típico. ¡Qué pena que no se tenga en cuenta cuando una mujer rechaza un enema o una epidural!
Sin embargo, a este respecto (y a otros muchos) me remito a los fantásticos artículos escritos por Rosa Montero en su publicación (El desastre de parir y Prejuicios asesinos).
Lo que sí me parece realmente ABERRANTE, aberrante con mayúsculas, es la alusión a la mortalidad perinatal en África. Es decir, no aceptamos la comparación con países que, como Holanda, nos llevan años luz en cuanto a asistencia pre y postnatal se refiere, pero nos comparamos… ¡con África! En muchos países de África la esperanza de vida no supera los ¡¡¡¡37 años!!!! En muchos países de África las principales causas de muerte son la malaria, la neumonía, la anemia o el sida. En Malawi, por ejemplo, el Producto Interior Bruto per cápita en el 2004 ascendía a 580 dólares (menos de 40 euros mensuales). En el Bottom Hospital de Lilonwge: “Muchos de los packs de parto no contienen tijeras, ya sea para realizar una episiotomía o para cortar el cordón umbilical. En los que contienen tijeras, éstas normalmente no están afiladas y las pacientes sufren considerablemente […] Si no hay tijeras disponibles, se utilizan hojas de afeitar, con el consiguiente riesgo para la persona que está tratando de realizar la episiotomía.” (The Department of Obstetrics & Gynaecology at Kamuzu Central Hospital and Bottom Hospital, Lilongwe, Malawi Tarek Meguid and Elled Mwenyeekonde, 2005. En http://www.who.int/management/country/mwi/en/).
Muchas mujeres africanas son madres por primera vez a edades tan tempranas como los doce años. Otras tienen más de diez partos a lo largo de su vida. “Muchas de nuestras pacientes sufren anemia moderada o severa, e incluso extremadamente severa. Las razones para esto son muchas, desde la malnutrición o la malaria crónica, hasta los parásitos intestinales y múltiples co-patologías. Cuando estas mujeres se quedan embarazadas, la anemia tiende a empeorar. Durante el parto, o si aparece algún problema, como una hemorragia pre-parto […] esta anemia puede matarlas. […] Tienen lugar muchas infecciones porst-parto […]Las infecciones post-parto están a la cabeza de las causas de mortalidad materna institucional en Malawi (Ratsma, 2001) Aunque muchas mujeres sobreviven a estas infecciones (desgraciadamente, no todas) algunas lo hacen con un severo grado de morbilidad. De nuevo hay muchas posibles razones para explicar por qué hay tantas infecciones. Las posibles explicaciones van desde las salas de parto atestadas hasta la ausencia de higiene durante la cirugía, pasando por la ausencia de medios técnicos o la alta prevalencia de sida, hasta los pobres cuidados postquirúrgicos o el uso inadecuado de los antibióticos.” (The Department of Obstetrics & Gynaecology at Kamuzu Central Hospital and Bottom Hospital, Lilongwe, Malawi Tarek Meguid and Elled Mwenyeekonde, 2005. En http://www.who.int/management/country/mwi/en/).
Como estos, podría extenderme citando testimonios de personas que trabajan día a día en condiciones inimaginables. Creo que compararnos con África no sólo supone una ofensa a nuestra inteligencia, al intentar hacernos creer que nuestra vida y la de nuestros hijos puede correr peligro si no aceptamos a pies juntillas cualquier intervención protocolaria sin ni siquiera tener derecho a opinar; sino al drama que viven día a día las mujeres que dan a luz en el tercer mundo.
¿Por qué no nos comparamos con Suecia, Holanda, Noruega, Gran Bretaña…? Probablemente, porque no saldríamos tan bien parados en la comparación. Y sí, si el doctor Yordi, el profesor Bajo Arenas o cualquier otro experimentado ginecólogo, esgrimiera el manido argumento de la mortalidad perinatal en África, lograría definitivamente convencerme… de que me buscara otro ginecólogo.

